¿El Vaticano contra el desarrollo de los pueblos?

Por Manuel Gago

«No podemos comprometernos con proyectos de muerte, es un pecado”, publica el portal del Vaticano. La declaración la hace monseñor Vicente Ferreira, obispo de un municipio brasileño.
El sacerdote católico agrega que “debemos avanzar hacia una transición ecosocial integral y equitativa que proteja a los pueblos». Suena conmovedor y justo pero estas palabras fortalecen al movimiento antiminero y al libreto marxista de empobrecimiento social.

Lamentablemente, Ferreira y un pequeño grupo de sacerdotes (ideologizados) desconocen la realidad, no saben que la minería moderna y responsable cuida el medio ambiente y, por el contrario, la minería ilegal deja huellas de desastre y desolación. Ferreira generaliza. No hace distinciones. No separa el trigo de la paja. Coloca el sambenito de pecador a quien contradiga sus palabras. En un contexto de desinformación, sus dichos son tomados como verdad sacramental, imposible de rebatir, sería un pecado. El Vaticano, con un Papa tan cercano al país, petardea la principal actividad nacional.

Perú avanza por la minería formal que representa el 66% de las exportaciones nacionales. Paga impuestos y es responsable con el medio ambiente y las comunidades. En 2025, las exportaciones mineras llegaron a US$62,848 millones, 27.2% más respecto al 2024. En enero pasado fueron transferidos S/3,024 millones por concepto de canon, regalías, derechos de vigencia y penalidades. Los montos llegan a los gobiernos regionales, locales y universidades públicas. Las más beneficiadas son Áncash, recibió S/620 millones (20.5% del total), Arequipa, S/376 millones (12.4%), y Moquegua S/334 millones (11.1%).

Como se sabe, canon y regalías son ingresos excepcionales que tendrían que ser usados en proyectos de desarrollo también excepcionales. No obstante, como se dijo en reiteradas oportunidades, es la caja chica de gobernadores regionales y alcaldes. Es usado en todo menos en obras de relevancia local. Este panorama de despilfarro tiene que cambiar. Se espera que el próximo gobierno corrija este desastre que afecta a la población y genera imágenes contrarias al sector minero.

El incremento de las inversiones mineras, de 8.9%, en 2025 pueden prevalecer en los siguientes meses. El inicio del proyecto cuprífero Tía María y otros elevarían la expansión del sector ofreciendo más trabajo directo e indirecto necesario para reducir el desempleo. En enero pasado, el crecimiento del empleo minero se elevó en 10.2%, 272,423 nuevos empleos dispuestos para reducir la pobreza. Todo este avance -a duras penas y contra un Estado indiferente, una población desinformada y antimineros incluso organizados en instituciones católicas- permite esa mala mirada a la minería moderna, distinta a la minería tradicional y estatista (antes de los noventas) la que, en efecto, contaminaba y estaba al margen de las comunidades.

Con un próximo gobierno suficientemente fuerte, entendiendo a la minería como la principal fuente de ingresos, el destino del país dejaría de ser desconcertante. El país giraría hacia la reformulación del Estado, el mejoramiento del gasto público, la promoción de la inversión privada, la eliminación de normas obstruccionistas y, entre otras cosas, ofrecerle al país la satisfacción moral con la caída de la criminalidad.
Lamentable la posición del Vaticano frente a la minería. El no entender los esfuerzos alcanzados por reducir la contaminación y los males sociales (de responsabilidad estatal), es no comulgar con los pobres y sus deseos en este mundo real.

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