
El silencio volvió a instalarse en los campamentos donde hace unos meses el movimiento no se detenía. En las provincias de Castilla y Caylloma, el proyecto minero Zafranal no solo representaba una promesa, sino una realidad que comenzaba a transformar la economía local. Sin embargo, la reciente decisión de la canadiense Teck Resources de postergar su inversión ha generado preocupación y un abrupto freno en esta dinámica.
La compañía anunció que priorizará el incremento productivo de su operación Quebrada Blanca, en Chile, lo que implica pausar el desarrollo de Zafranal, una iniciativa valorizada en 1,900 millones de dólares y considerada clave dentro de la cartera minera del Perú.
COMENZABA A SENTIRSE
En Castilla y Caylloma, el proyecto ya había empezado a dejar huella. Empresas contratistas operaban en campo, trabajadores locales encontraban oportunidades laborales y pequeños negocios se activaban alrededor de la actividad minera.
Transportistas, proveedores de alimentos, servicios logísticos y mano de obra local formaban parte de una cadena económica que comenzaba a fortalecerse. La presencia del proyecto no solo generaba empleo directo, sino también dinamizaba actividades complementarias en comunidades cercanas.
Además, se venían ejecutando programas vinculados al desarrollo social, fortalecimiento de capacidades y articulación con la población, lo que contribuía a mejorar la relación entre la empresa y el entorno.
Sin embargo, esta dinámica se detuvo. La paralización de obras tempranas y la desmovilización de contratistas marcaron un quiebre que hoy genera incertidumbre en la población.
INCERTIDUMBRE Y PAUSA ESTRATÉGICA
La decisión de Teck no implica la cancelación del proyecto, pero sí un cambio de ritmo que impacta directamente en el territorio. La empresa ha iniciado un proceso de reorganización interna en Compañía Minera Zafranal, que incluye reducción de personal y ajustes en su estructura operativa.
Mientras tanto, el proyecto ha ingresado a una fase de “preservación de activos”. Esto significa que, aunque se mantienen avances técnicos como la tramitación de permisos, estudios de factibilidad e ingeniería, la ejecución en campo queda en pausa.
Para quienes ya habían apostado por esta actividad, el impacto es evidente. La expectativa de empleo se enfría, los ingresos disminuyen y el movimiento económico se desacelera.
La situación resulta aún más sensible considerando que Zafranal contaba con un Estudio de Impacto Ambiental aprobado desde 2023 y proyectaba iniciar su construcción en 2026, según lo anunciado en Perumin 37. Su desarrollo contemplaba la producción anual de 76 mil toneladas de cobre y 29 mil onzas de oro, además de la generación de miles de puestos de trabajo.
UN FUTURO EN ESPERA
El contexto que motivó esta decisión responde a factores estratégicos globales, incluyendo la reciente fusión entre Teck y Anglo American, que busca consolidar operaciones en el sector cuprífero. En ese escenario, la compañía ha optado por optimizar sus inversiones antes de asumir nuevos compromisos.
Sin embargo, en el ámbito local, el impacto se siente con mayor intensidad. Comunidades que comenzaban a integrarse a la cadena productiva ven ahora cómo el desarrollo esperado entra en pausa.
Zafranal no está cancelado, pero su futuro inmediato es incierto. Y mientras las decisiones se toman en oficinas corporativas, en el sur del Perú la preocupación crece. Porque más allá de los números, el proyecto ya había empezado a cambiar realidades.

