El trabajo silencioso para dotar del recurso hídrico a miles de personas en Arequipa

Por Wilfredo Mendoza Rosado

El simple acto de abrir la llave del agua potable. Lo mismo para ducharnos. O regar el jardín. O cuando un agricultor riega sus sembríos, ya sea por goteo o por inundación —lo peor en estos tiempos—. Cualquier uso del líquido elemento son auténticos milagros diarios que no siempre valoramos, pese a que vivimos en la zona del desierto de Atacama, una de las más áridas del planeta. Entonces, es importante señalar que cada vez el agua es más escasa. Una clara advertencia: debemos cuidar cada gota.

Hace algunos días, con un grupo de periodistas, asistimos a un Programa de Especialización en Comunicación para la Gestión Sostenible del Agua (*), donde especialistas explicaron el origen del recurso hídrico y todo el proceso hasta que llega para nuestro uso. Una serie de pasos que no siempre conocemos ni tomamos en cuenta, pero que forman parte de una cadena de valor necesaria para una eficaz gestión sostenible del agua.

Este recurso natural es:

  • ❑ Único
  • ❑ Limitado
  • ❑ Vulnerable

RESPONSABILIDAD

Con honestidad, cuando utilizo agua para cualquier actividad, como otros miles de usuarios —al menos en la Ciudad Blanca de Arequipa—, no siempre tengo (tenemos) en cuenta todo lo que hacen expertos y cientos de especialistas para lograr el milagro de abrir un caño.

Así lo pudimos observar durante un viaje al circuito de represas, como parte del curso, donde conocí las qochas, que son depósitos de agua naturales o artificiales ubicados en las alturas de los Andes, que sirven para capturar, almacenar e infiltrar el agua de las lluvias.

Ubicadas a más de 4.300 m s. n. m., son la prueba de que la naturaleza siempre sigue su curso y que lo que debemos hacer en ella es mantenerlo, no modificarlo, como lo comprobamos en la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca.

Allí, pese al extremo clima, cientos de comuneros cuidan lo que el hombre no toca ni debe tocar, porque se encuentra en juego la supervivencia de miles de personas.

En este contexto, es importante señalar lo que expuso el secretario técnico del Consejo de Recursos Hídricos de Cuenca Quilca-Chili de la Autoridad Nacional del Agua, Ing. Javier Segovia, quien señaló que las “proyecciones del World Resources Institute (WRI) prevén que Perú será uno de los países que sufrirá un estrés hídrico alto en 2050”, que es cuando la demanda de agua es mayor que la cantidad disponible durante un período, o cuando su uso se limita por su baja calidad.

Agregó que, en gran parte del norte, centro y sur, se mantienen condiciones críticas asociadas a una elevada presión sobre los recursos hídricos disponibles. Asimismo, hacia 2050 se observa una expansión de áreas con estrés hídrico alto y medio-alto (2-3) hacia algunas zonas de la sierra y costa norte, lo que evidencia una intensificación progresiva del problema bajo un escenario tendencial.

En buen romance, cada vez somos más —1 millón 814 mil 554 habitantes, según el INEI— quienes queremos agua, mientras los recursos naturales no tienen el mismo crecimiento. Cada vez habrá menos agua si no la cuidamos. Es el “oro” de este nuevo milenio.

PANORAMA GRIS

Debemos resaltar que, aunque el panorama es gris, existen acciones que no siempre se conocen y especialistas que trabajan día a día para atenuar los efectos del cambio climático, el fenómeno de El Niño —que tanto revuelo origina— y los, a veces, negativos impactos de la actividad humana, para que podamos disponer de este recurso cada vez más escaso.

En medio de parajes inhóspitos, temperaturas bajo cero, vientos helados y lo más feroz de la naturaleza, estos anónimos personajes cuidan los ecosistemas y trabajan para que los recursos hídricos lleguen a cada hogar, cada barrio y cada ciudad que crece vorazmente, como Arequipa, donde existen lugares en los que el agua es escasa.

El viaje, con más de una veintena de amigos, fue un recorrido por las zonas altas, donde los ecosistemas cumplen su labor. Pude comprobar que, cuando la mano del hombre es depredadora, la naturaleza cumple su rol. Solo se trata de comprobar que los seres humanos y ella podemos convivir respetando los cursos, las formas de vida, las qochas, los ríos, riachuelos y toda forma de vida, porque si uno desaparece, aparece el desequilibrio.

Y el agua es vida. Una gota es más que una vida. Es bueno recordarlo.

(*) Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego; Autoridad Nacional del Agua; Consejo de Recursos Hídricos de Cuenca Quilca-Chili.

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