Pérdidas potenciales de US$ 15.000 millones en inversión y US$ 7.000 millones al año en exportaciones
Perú concentra el 31% del cobre mundial cuya producción está suspendida, con 1,8 millones de toneladas paralizadas, equivalentes al 100% de su capacidad operativa actual, según GEM Mining Consulting. Esto representa pérdidas potenciales de US$15.000 millones en inversión y US$7.000 millones anuales en exportaciones, además de un impacto negativo de 2,5 puntos porcentuales en el PBI minero y 50.000 empleos directos afectados.
El país es el principal responsable del déficit cuprífero global, estimado en 6,4 millones de toneladas, producto de conflictos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Si se destrabara solo el 50% de la producción paralizada, Perú podría aumentar su producción anual a 3.2 millones de toneladas, acercándose a Chile como segundo mayor productor mundial.
Proyectos clave como La Granja, Michiquillay y Tía María concentran más del 40% del cobre suspendido y podrían elevar la producción nacional en un 40%, generando más de US$1,000 millones anuales en impuestos y regalías.
El déficit mundial de cobre, impulsado por la demanda en transición energética, alcanzará los 4 millones de toneladas para 2030. Perú tiene el potencial de cubrir el 45% de esa brecha mediante la reactivación de sus proyectos, que requerirá diálogo social, estabilidad regulatoria y mejoras ambientales.
El informe destaca que, por cada millón de toneladas liberadas, el país podría generar US$8.000 millones en exportaciones adicionales y US$1.000 millones en recaudación fiscal. La inacción actual reduce la competitividad regional frente a otros países con nuevas inversiones, como la República Democrática del Congo. Reactivar proyectos es clave para consolidar al cobre peruano como motor estratégico en la transición energética mundial.

