El 2025 no ha sido solo un año de crecimiento; ha sido el periodo en el que el Perú ha demostrado al mundo que su potencial es inagotable cuando la disciplina operativa y la visión de futuro convergen. Las cifras recientemente difundidas por Comexperú son contundentes: las exportaciones totales del país superaron los US$ 90,000 millones (Todo Minería 382), con un sector minero que, cual columna vertebral de nuestra economía, aportó la histórica cifra de US$ 58,683 millones.

Este crecimiento del 26.4% en los envíos mineros no es una casualidad del destino, sino el resultado de una industria que ha sabido capitalizar precios internacionales favorables —con el cobre superando los US$ 6.00 por libra— y una gestión empresarial de excelencia. Ranking en mano, vemos a gigantes como Antamina liderando la vanguardia con ventas superiores a los US$ 5,000 millones, seguida de cerca por Southern Perú, Cerro Verde y un Las Bambas que ha sorprendido con un crecimiento exponencial del 41%.

Sin embargo, lo más emocionante no es lo que ya se exportó, sino lo que está por venir. El sur del país se ha convertido en el epicentro de un renacimiento industrial sin precedentes. La puesta en marcha de Tía María en Arequipa es, quizás, el símbolo más potente de esta nueva era. Con una inversión de US$ 1,800 millones, este proyecto no solo inyectará cátodos de cobre al mercado, sino que asegura un flujo de US$ 4,600 millones en impuestos y regalías para cerrar brechas sociales en Islay y toda la región.

A este optimismo se suma la impecable reactivación del proyecto Chapi por parte de Quilla Resources, que en tiempo récord ya produce sus primeros cátodos, y la histórica aprobación de la MEIA de Cerro Verde. Esta última garantiza una inversión de US$ 2,100 millones y asegura la permanencia de la operación hasta el año 2053. Estamos hablando de tres décadas de estabilidad, empleo y desarrollo asegurado.

El Perú está enviando una señal clara a los mercados globales: somos un destino seguro, tecnológicamente avanzado y comprometido con la sostenibilidad. La transición hacia energías limpias en Arequipa, sumada a una minería que valida modelos de responsabilidad ambiental, nos sitúa en una posición de liderazgo envidiable. El futuro no se espera, se construye, y el sector minero-energético peruano acaba de poner la piedra angular de una era de prosperidad que alcanzará a todos los peruanos.

Esperemos que aquellos candidatos populistas tengan un mensaje serio para la minería y no propongan planes que apunten a obstaculizar su crecimiento.

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