A la espera de la posible reactivación de concesión de exploración
La minería mexicana volvió al centro de la discusión económica. La presión viene también del mapa industrial de Norteamérica. Estados Unidos quiere cadenas de suministro más seguras para minerales críticos. México aparece en esa ecuación por geología, cercanía y capacidad productiva.
Por eso, la posible reactivación de concesiones de exploración importa tanto. La Camimex percibe margen para destrabar ese proceso tras siete años sin nuevos títulos. Desde 2019, el país frenó esas concesiones. Durante ese periodo, la superficie concesionada cayó 20%, hasta 16.8 millones de hectáreas. Ahora el gobierno y la industria conversan con una base de datos más clara sobre quién tiene qué y cuánto paga.
La distinción clave conviene subrayarla. Una concesión de exploración no abre, por sí sola, una mina. Primero permite estudiar el subsuelo y medir la viabilidad técnica, económica y ambiental. Ese punto parece obvio, pero en México se mezcló durante años en el debate político. Camimex recuerda que solo uno de cada mil indicios minerales termina convertido en operación. Sin exploración, la cadena completa se seca antes de empezar.
Ese dato merece atención porque la exploración consume capital de alto riesgo. La propia industria sostiene que esa etapa requiere inversión privada especializada, no gasto fiscal ordinario. México, además, ya recuperó 1,126 concesiones equivalentes a 889,512 hectáreas por incumplimientos. Esa depuración puede ordenar el mapa minero y abrir espacio para proyectos nuevos, mejor vigilados y mejor justificados. También puede reducir la vieja percepción de que todo lote concesionado termina explotado.
El mapa minero mexicano tampoco es abstracto. Sonora, Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas y Jalisco aparecen en la recuperación oficial de concesiones. Allí conviven empleo, proveeduría local y debates ambientales muy concretos. La revisión del inventario mostró que el problema no era solo ideológico. También existía desorden administrativo. Depurar títulos inactivos, sobre todo en zonas sensibles, puede elevar la calidad del portafolio disponible.
El giro no se explica solo por la conversación interna. También responde al nuevo acuerdo entre México y Estados Unidos sobre minerales críticos. El plan bilateral, anunciado el 4 de febrero, fijó 60 días para diseñar políticas comerciales coordinadas. Incluye la posible creación de pisos de precio para importaciones, la identificación de proyectos mineros e industriales y el intercambio de información geológica. Además, coloca el tema justo antes de la revisión del T-MEC.
Ese contexto cambia la escala del debate. Ya no se discute únicamente si México concede más títulos. Se discute si el país quiere ocupar un lugar útil en las cadenas regionales. Camimex afirma que México ya provee 12 minerales críticos para Norteamérica y figura entre los 15 primeros productores mundiales en 19 minerales. El sector minero-metalúrgico, además, aporta 2.05% del PIB nacional. También sostuvo 416,663 empleos directos al cierre de 2024, con unos 2.5 millones de puestos indirectos asociados. (Fuente: Minería en Línea)
