En columnas anteriores se ha insistido en la necesidad de sincerar y transparentar la información del sector minero y de las actividades vinculadas a él. Hoy ese llamado adquiere mayor urgencia en medio de un clima político marcado por la desconfianza, la polarización y una segunda vuelta electoral que ha reabierto cuestionamientos sobre la institucionalidad democrática del país.
Las últimas elecciones generales dejaron una sensación de fragilidad institucional, con percepciones de irregularidades y una profunda desconfianza en el sistema electoral, lo que deterioró la confianza ciudadana. Ese contexto no ha desaparecido; por el contrario, se ha trasladado al debate público, donde la minería —principal motor económico del Perú— vuelve a convertirse en un campo de disputa ideológica.
LA MINERÍA COMO BLANCO POLÍTICO
En cada proceso electoral, el sector minero suele convertirse en un “caballito de batalla” para ciertos actores políticos. Algunos discursos apelan a la desinformación o a propuestas de cambio normativo sin sustento técnico, generando incertidumbre en mercados, comunidades e inversionistas.
El problema no es la crítica a la minería —necesaria en toda democracia— sino la difusión de narrativas simplificadas que ignoran su impacto real: más de la mitad de las exportaciones del país, millones de empleos directos e indirectos y una fuente clave de financiamiento para gobiernos regionales y locales.
Cuando la minería se convierte en instrumento de polarización, pierde el debate técnico y gana el ruido político. En ese ruido, la desinformación encuentra terreno fértil para expandirse y moldear percepciones antes de cualquier verificación.
EL VACÍO COMUNICACIONAL
Un informe reciente de la firma de inteligencia artificial Refute, con sede en Londres, advierte que las campañas de desinformación en torno al sector minero —especialmente en el mercado del oro— han crecido impulsadas por bots y automatización en redes digitales. En este escenario surge una pregunta central: ¿están las empresas mineras reaccionando tarde o han dejado el espacio comunicacional vacío?
El director ejecutivo de Refute, Tom Garnett, sostiene que la falta de interacción oportuna permite que versiones distorsionadas se instalen como verdades en el debate público. El silencio del sector, en consecuencia, termina siendo un vacío que otros llenan con discursos emocionales o ideológicos.
El desafío no es solo tecnológico o corporativo, sino político y social. La minería debe pasar de una comunicación reactiva a una presencia activa, transparente y constante en el debate público. No se trata de imponer una narrativa, sino de equilibrarla con información verificable.
En una sociedad fragmentada, donde los mensajes extremos se difunden con rapidez, el silencio institucional puede ser tan dañino como la desinformación. Fortalecer la comunicación, abrir datos y dialogar con claridad es clave para su legitimidad.
