Reynaldo Roberts plantea una red nacional de parques industriales y el acceso al gas de Camisea como ejes para cerrar brechas territoriales y reactivar el desarrollo productivo del sur

HÉCTOR MAYHUIRE –TODO MINERÍA

En un contexto marcado por la polarización política, los desafíos del crecimiento económico y el debate sobre el futuro del país tras las recientes elecciones, el expresidente de la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa (CCIA), Reynaldo Roberts Billig, lanzó una de las reflexiones más contundentes durante el encuentro empresarial “Inversión privada y desarrollo económico territorial”, organizado por Proinversión. Su mensaje fue directo: el principal obstáculo para el desarrollo nacional sigue siendo el centralismo.

Ante empresarios, inversionistas y representantes de instituciones públicas, Roberts sostuvo que el Perú no podrá alcanzar un crecimiento equilibrado mientras continúe concentrando infraestructura, servicios e inversiones en Lima, dejando rezagadas a las regiones que generan gran parte de la riqueza nacional.

LA RAÍZ DEL PROBLEMA

Con la experiencia de haber sido empresario, regidor, concejal y miembro del Congreso Constituyente Democrático de 1992, Roberts recordó que hablar de “Lima” y “el interior del país” constituye una visión equivocada que profundiza la división territorial.

“El Perú es un solo territorio”, enfatizó, al advertir que la distancia entre regiones y capital no solo es económica, sino también política y social.

Para el dirigente empresarial, los resultados electorales de los últimos años, y el reciente del 7 de junio, reflejan precisamente ese descontento acumulado en amplios sectores del país que sienten que los beneficios del crecimiento económico no llegan a sus territorios.

En ese escenario, señaló que la descentralización productiva debe convertirse en una prioridad nacional para cualquier futuro gobierno.

EL MODELO QUE TRANSFORMÓ AREQUIPA

Durante su intervención, Roberts recordó una experiencia histórica que considera un ejemplo exitoso de desarrollo regional: la creación de la Junta de Rehabilitación y Desarrollo de Arequipa, institución formada tras los terremotos de 1958 y 1960.

Según explicó, en apenas ocho años esta entidad impulsó proyectos emblemáticos como el Parque Industrial de Arequipa, la Variante de Uchumayo, la fábrica de cemento y una planta deshidratadora de alimentos, iniciativas que dinamizaron la economía regional y promovieron empleo e inversión.

Sin embargo, lamentó que ese impulso se haya perdido con el paso de los años.

Actualmente, aseguró, el Parque Industrial de Arequipa opera con apenas un 50% de ocupación industrial, mientras numerosas empresas cerraron, migraron hacia Lima o cambiaron de actividad.

“La ciudad perdió uno de sus principales motores productivos”, advirtió.

GAS DE CAMISEA DESAPROVECHADO

Uno de los puntos más críticos de su exposición estuvo relacionado con el aprovechamiento del gas de Camisea.

Roberts cuestionó que, más de dos décadas después de iniciada su explotación, los mayores beneficios energéticos continúen concentrados en Lima, mientras regiones como Cusco y Arequipa siguen esperando el acceso masivo a este recurso.

Recordó que el frustrado Gasoducto Sur Peruano dejó infraestructura paralizada y miles de millones de dólares en oportunidades perdidas para la industrialización del sur.

A su juicio, el gas no solo representa energía más económica, sino también la posibilidad de desarrollar industrias petroquímicas, producción de plásticos, fabricación de explosivos para minería y plantas de urea para fortalecer la agricultura nacional.

“Tenemos el recurso, pero no estamos generando valor agregado donde se produce”, sostuvo.

PARQUES INDUSTRIALES Y DESCENTRALIZACIÓN

La propuesta central de Roberts fue la creación de un Plan Nacional de Parques Industriales, articulado con corredores económicos y el acceso al gas natural.

Planteó desarrollar polos industriales en regiones estratégicas como Piura, Lambayeque, Ica, Arequipa y Cusco, capaces de atraer inversión privada, generar empleo y transformar materias primas cerca de sus fuentes de producción.

Incluso mencionó el caso de La Joya, en Arequipa, donde ya se viene formando de manera espontánea un conglomerado industrial vinculado a la minería, impulsado por la iniciativa privada pero sin planificación estatal ni infraestructura adecuada.

En respuesta, representantes de Proinversión destacaron que la entidad trabaja en el desarrollo de corredores económicos norte, centro y sur, promoviendo asociaciones público-privadas, proyectos en activos y obras por impuestos para generar condiciones que permitan consolidar nuevas inversiones en las regiones.

Para Roberts, el desafío es claro: construir un modelo de desarrollo que distribuya mejor las oportunidades y reduzca las brechas históricas entre Lima y el resto del país.

“El sur no protesta contra el desarrollo; protesta porque no recibe los beneficios que otros sí reciben”, concluyó, dejando sobre la mesa un debate que seguirá marcando la agenda económica y territorial del Perú en los próximos años, intervención que generó el aplauso de los empresarios y líderes presentes en este encuentro.

Aunque participó como asistente, la intervención de Reynaldo Roberts trascendió el debate coyuntural y terminó delineando una agenda de desarrollo que el próximo gobierno, que asumirá funciones el 28 de julio, difícilmente debería ignorar. Su mensaje puso sobre la mesa temas como la descentralización, la industrialización regional y el acceso equitativo a la infraestructura y la energía, asuntos que cobran especial relevancia tras un proceso electoral que evidenció el creciente descontento de las regiones del sur. Un malestar que, según diversos analistas, se expresó en las urnas mediante un voto de rechazo al modelo centralista que ha predominado durante décadas.

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