Hogares del Norte pagan hasta 22% más, mientras el Sur apenas alcanza 2% de conexión al gas natural.
TODO MINERÍA
El gas natural peruano enfrenta una contradicción que amenaza con profundizar las brechas energéticas regionales: mientras el país dispone de un recurso estratégico para reducir costos y fortalecer su seguridad energética, su aprovechamiento continúa concentrado en Lima y Callao. Un estudio del Instituto Peruano de Economía (IPE), encargado por la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH), advierte que la escasa infraestructura, la reducida demanda regional y el desplome de la exploración están encareciendo el servicio y limitando la masificación.
UNA INFRAESTRUCTURA QUE MANTIENE LA BRECHA
Durante la presentación del estudio Medidas para impulsar la competitividad a partir del uso eficiente de la matriz energética, el gerente general del IPE, Carlos Gallardo, puso sobre la mesa las dimensiones del problema: Lima y Callao concentran 94% de la demanda nacional de gas natural, una escala que permite distribuir los costos de infraestructura entre grandes consumidores, especialmente las generadoras eléctricas.
La realidad cambia radicalmente fuera de la capital. Perú cuenta con apenas 1.558 kilómetros de ductos de transporte, frente a redes cinco veces mayores en Colombia y diez veces superiores en Argentina. Solo Lima-Callao e Ica tienen conexión directa; en las concesiones Norte y Sur el gas es trasladado mediante camiones cisterna, incorporando procesos de licuefacción y regasificación que elevan los costos.
El impacto llega directamente al usuario. A fines de 2025, comercios y pequeñas industrias de la concesión Sur pagaban 2,6 veces más que sus pares de Lima y Callao. En los hogares del Norte, la diferencia alcanzaba 22%.
La desigualdad también se refleja en el acceso. El 57% de los hogares urbanos con electricidad en Lima y Callao tenía conexión a gas natural, frente a 44% en Ica, 16% en el Norte y apenas 2% en el Sur.
Para Patricia Figueroa, directora ejecutiva de la SPH, cerrar esta brecha requiere recuperar la confianza de los inversionistas. Planteó seguridad jurídica y procedimientos municipales estandarizados para reducir barreras burocráticas que retrasan la expansión de las redes.

RESERVAS EN DESCENSO Y EXPLORACIÓN PARALIZADA
El segundo problema es más profundo: Perú no solo tiene dificultades para distribuir el gas, también está explorando cada vez menos. Según el estudio, desde el desarrollo de Camisea no se concretaron nuevos proyectos gasíferos de gran escala. La inversión exploratoria cayó 94% en la última década respecto del periodo anterior y desde 2021 apenas se realizaron tres perforaciones exploratorias.
Las reservas probadas acumulan nueve años de descenso y, sin nuevas inversiones, representan aproximadamente 14 años de producción al ritmo actual. La puesta en valor de los recursos contingentes 1C del Lote 58 podría ampliar ese horizonte hasta unos 22 años.
La viceministra de Hidrocarburos, Iris Cárdenas, reconoció que desarrollar nuevas reservas implica desafíos por su proximidad a áreas naturales y comunidades indígenas, aunque sostuvo que la experiencia de Camisea demuestra que es posible aprovechar el recurso bajo criterios de sostenibilidad.
Desde otra perspectiva, Erick García, experto en hidrocarburos y exdirector general del MINEM, defendió el carácter estratégico del gas para la generación eléctrica por su capacidad de aportar confiabilidad y flexibilidad al sistema. También planteó aprovecharlo para impulsar la petroquímica y reducir presiones sobre las redes de transmisión.
El IPE propone una salida en cuatro frentes: igualación tarifaria temporal, eliminación de barreras para ampliar redes, reactivación de la exploración y fortalecimiento del sistema eléctrico.
La discusión, sin embargo, trasciende las tarifas. Como advierte García, el país necesita actualizar su marco normativo y fortalecer la capacidad de planificación del MINEM y Perúpetro. De lo contrario, Perú corre el riesgo de tener gas bajo tierra, consumidores pagando más y regiones enteras esperando una infraestructura que nunca termina de llegar.
