El EIA-d del proyecto de Compañía de Minas Buenaventura, valorizado en US$ 3,400 millones, abre paso a la siguiente etapa de evaluación antes de una eventual construcción
ALEXANDRA ROZAS PINTO
TODO MINERÍA
La minería peruana sumó esta semana un nuevo hito en su cartera de proyectos. El proyecto de cobre Trapiche, impulsado por la compañía Compañía de Minas Buenaventura, obtuvo la aprobación de su Estudio de Impacto Ambiental detallado (EIA-d), un documento técnico fundamental para avanzar hacia una eventual etapa de construcción.
El proyecto, que contempla una inversión estimada de US$ 3,400 millones, se ubica en el distrito de Challhuahuacho, en la provincia de Cotabambas, región Apurímac, una de las zonas con mayor potencial minero del sur del país. La aprobación del estudio fue otorgada por el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles, entidad encargada de evaluar los impactos ambientales de grandes proyectos de inversión en Perú.
¿QUÉ ES UN EIA-D?
El EIA-d es uno de los estudios ambientales más completos que puede presentar un proyecto minero en el país. En términos simples, se trata de un documento técnico que analiza cómo una futura operación minera podría afectar el entorno, incluyendo el agua, el suelo, la biodiversidad y las comunidades cercanas.
Este estudio también define las medidas de prevención, mitigación y monitoreo que la empresa deberá aplicar si el proyecto llega a ejecutarse. En otras palabras, funciona como una hoja de ruta ambiental que establece las condiciones bajo las cuales la actividad minera podría desarrollarse.
Para Trapiche, la aprobación del EIA-d significa que el proyecto cumple con los requisitos ambientales establecidos por el Estado para su diseño actual. No obstante, la empresa aún deberá obtener otros permisos y decisiones de inversión antes de iniciar la etapa de construcción.
UN PROYECTO A LARGO PLAZO
Según información difundida por Compañía de Minas Buenaventura, la empresa proyecta que Trapiche podría iniciar operaciones hacia el año 2030, dependiendo de la evolución del mercado del cobre y de las decisiones de inversión que se adopten en los próximos años.
El proyecto forma parte de la estrategia de crecimiento de la compañía en el sector cuprífero, en un contexto donde la demanda global de cobre continúa aumentando debido a su papel en tecnologías vinculadas a la transición energética, como la electrificación y las energías renovables.
¿POR QUÉ GENERA EXPECTATIVAS?
La aprobación ambiental suele interpretarse como una señal positiva para el desarrollo minero, ya que confirma que el proyecto ha sido evaluado técnicamente y puede avanzar en su planificación. Sin embargo, especialistas también señalan que el verdadero desafío comienza después de esta etapa, cuando los proyectos deben demostrar su viabilidad económica, social y operativa.
Por un lado, iniciativas como Trapiche podrían impulsar inversiones y actividad económica en el sur del país, especialmente en regiones con fuerte presencia minera. Pero, por otro, el desarrollo de nuevos proyectos también suele requerir procesos de diálogo con las comunidades y planificación territorial, factores que pueden influir en los tiempos reales de ejecución.
En ese sentido, la aprobación del EIA-d no marca el inicio de la mina, sino el comienzo de una etapa decisiva en la que el proyecto deberá demostrar si puede convertirse, finalmente, en una de las nuevas operaciones cupríferas del Perú en la próxima década.
