Héctor Mayhuire-Director

La reciente participación de Aurora Williams Baussa en la Expo Cobre 2026 dejó mucho más que una exposición técnica sobre el futuro del cobre. Su presencia se convirtió, quizás sin proponérselo, en un espejo incómodo para el Perú. Mientras Chile construye políticas de Estado con continuidad y visión estratégica, nuestro país parece atrapado en una peligrosa cultura de improvisación política que ha terminado debilitando uno de los sectores más importantes para la economía nacional: la minería.

La trayectoria de Williams resume esa diferencia. Entre 2014 y 2026, estuvo cerca de nueve años vinculada directamente al Ministerio de Minería chileno, atravesando distintas etapas gubernamentales. En Chile se entiende que sectores estratégicos como la minería no pueden depender de los caprichos políticos ni de los vaivenes partidarios. Allí existe una línea técnica que se respeta porque está vinculada al desarrollo nacional.

En el Perú ocurre exactamente lo contrario. Desde 2020, cinco gobiernos desfilaron por Palacio de Gobierno y, con ellos, una interminable rotación en el Ministerio de Energía y Minas. Diecisiete ministros en apenas seis años reflejan no solo inestabilidad política, sino una alarmante ausencia de rumbo. Ninguno logró consolidar una política minera sostenida, porque simplemente no hubo tiempo ni respaldo político para hacerlo. La consecuencia es evidente: proyectos paralizados, conflictos sociales sin resolver, pérdida de competitividad y creciente desconfianza de los inversionistas.

Lo más preocupante es que esta improvisación ocurre en el mejor momento histórico para el cobre. Tal como explicó Williams, el metal rojo ya no depende únicamente de los ciclos económicos tradicionales. Hoy es el corazón de la transición energética mundial, de la electromovilidad, de las redes eléctricas y hasta de la expansión de la inteligencia artificial. El cobre se ha convertido en un recurso geopolítico de primer orden y Sudamérica posee una ventaja extraordinaria frente al mundo.

Perú tiene reservas, experiencia minera y megaproyectos capaces de transformar regiones enteras. Sin embargo, seguimos actuando como un país que desperdicia oportunidades. Mientras Chile fortalece institucionalidad, nosotros seguimos atrapados en pugnas políticas, cambios constantes de funcionarios y discursos ideológicos que muchas veces desconocen la realidad económica del país.

La advertencia del economista Carlos Parodi durante el CADE Universitario 2026 fue clara: el Perú vive una crisis integral de gobernabilidad y confianza. Y sin estabilidad no hay desarrollo sostenible posible. La minería no necesita discursos radicales ni ministros pasajeros. Necesita continuidad, planificación y liderazgo técnico.

El país debe entender que gobernar no es improvisar cada seis meses. La estabilidad institucional no es un lujo; es la base para generar empleo, reducir pobreza y asegurar crecimiento. Si el Perú quiere aprovechar el boom minero global, debe empezar por recuperar algo que perdió hace tiempo: la seriedad del Estado.

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