Gerente general Gonzalo Rueda plantea que empresas, proveedores y clientes pueden convertir la formalidad en una ventaja para crecer.

La informalidad laboral, que alcanza al 70% de los trabajadores como presentó Luis Vinatea de Vinatea&Toyama Abogados en el CARA, representa uno de los principales obstáculos para elevar la productividad y mejorar las condiciones de empleo en Arequipa.

Frente a este escenario, Cemento Yura busca intervenir más allá de su propia organización y trasladar la formalización a proveedores, ferreterías, maestros de obra y pequeños fabricantes vinculados con la construcción.

Gonzalo Rueda, gerente general de la empresa, expuso esta estrategia durante el panel “Trabajo y formalización: emprendimiento y gestión en la empresa”, realizado en el Congreso Anual Región Arequipa (CARA).

El planteamiento parte de una premisa empresarial: la formalidad no debe presentarse únicamente como una obligación legal, sino como una condición que puede abrir mercados, generar oportunidades y reducir riesgos para quienes participan en la cadena productiva.

LA FORMALIDAD COMO PUERTA DE ACCESO

Rueda explicó que Yura comienza este proceso dentro de la propia compañía, mediante sus áreas de recursos humanos y la generación de planes de carrera. Uno de los objetivos es retener al talento joven que abandona Arequipa para buscar oportunidades laborales en Lima o fuera del país.

La estrategia también alcanza a los proveedores. Para una pequeña empresa regional, convertirse en proveedor de una compañía como Yura puede representar una oportunidad comercial importante, pero exige cumplir condiciones de formalidad. De esta manera, acceder a una relación comercial estable se convierte en un incentivo para regularizar actividades.

El ejecutivo sostuvo que el emprendimiento muchas veces nace en la informalidad y que el objetivo no debe ser estigmatizar ese proceso, sino acompañarlo hacia una transición gradual.

DE LAS FERRETERÍAS A LOS MAESTROS DE OBRA

El modelo cobra especial relevancia en la autoconstrucción, segmento donde participan ferreterías, maestros de obra y pequeños productores de materiales. Yura desarrolla capacitaciones y acciones de profesionalización para estos actores, buscando que conozcan las ventajas de operar formalmente.

Rueda comparó este proceso con la seguridad industrial. Según explicó, algunas empresas todavía pueden percibirla como un costo adicional, cuando en realidad permite reducir accidentes, contingencias legales y sanciones.

La misma lógica se aplica a los maestros de obra y pequeños fabricantes, incluidos bloqueteros y empresas de menor escala que pueden iniciar operaciones informalmente.

El desafío para Arequipa consiste ahora en ampliar esta transformación a toda la cadena de construcción. Para Rueda, la empresa privada puede convertirse en un agente que genere incentivos concretos para la formalización y, al mismo tiempo, fortalezca la productividad regional mediante mejores capacidades, empleo formal y relaciones comerciales más sólidas.

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