• Tras días de tensión por la nulidad temporal del permiso, el proyecto cuprífero en Islay recibe autorización para iniciar explotación en su primera etapa.
  • La decisión fortalece la confianza empresarial y reactiva expectativas de empleo, canon y crecimiento regional.

HÉCTOR MAYHUIRE – TODO MINERÍA

El viernes 17 de abril no fue una más para el sector minero peruano. En silencio administrativo, pero con un impacto que resonó de inmediato en el mundo empresarial, el Ministerio de Energía y Minas firmó la Resolución Directoral N.° 0194-2026-MINEM/DGM, autorizando a Southern Perú Copper Corporation el inicio de actividades de explotación en la primera etapa del proyecto Tía María.

En Arequipa, particularmente en la provincia de Islay, la noticia corrió como un susurro que se transformó rápidamente en certeza. Luego de más de diez días de incertidumbre, el proyecto recuperaba su curso.

En los accesos a La Tapada, en medio del polvo del desierto y el constante tránsito de maquinaria, más de mil trabajadores continuaban sus labores sin detenerse, aunque con la mirada puesta en Lima. La autorización era el documento que faltaba para consolidar lo que en la práctica nunca se detuvo: la expectativa de que Tía María seguiría adelante.

DIAS DÍAS QUE PUSIERON EN DUDA LA ESTABILIDAD

Todo comenzó con una decisión que sacudió el tablero. El Consejo de Minería, en ejercicio de su autonomía, declaró la nulidad de la autorización previa para iniciar la explotación del proyecto. La medida obligaba a retrotraer el proceso a una etapa anterior, generando un intenso debate sobre la estabilidad jurídica en el país.

Las observaciones eran claras: deficiencias en el diseño detallado de botaderos y en el cronograma de ejecución. Aspectos técnicos, sí, pero de alto impacto en la evaluación integral del proyecto.

Para algunos, era una señal de rigor institucional. Para otros, una muestra de exceso que podía costar caro en términos de confianza.

El exministro Carlos Herrera Descalzi lo resumió con cautela: se trataba de observaciones subsanables que no necesariamente ameritaban una nulidad.

Pero el impacto ya estaba hecho. El ruido se instaló.

VOCES CRÍTICAS Y ADVERTENCIAS AL ESTADO

Las reacciones no tardaron en llegar, y lo hicieron con preocupación.

El expresidente de la SNMPE, Carlos Gálvez, fue directo: el Perú estaba enviando una señal de falta de confiabilidad en sus propios procedimientos. Una advertencia que apuntaba más allá de Tía María, hacia la percepción del país en los mercados internacionales.

El economista Alejandro Indacochea fue aún más enfático al recordar experiencias pasadas como Conga o Tambogrande. Proyectos que, tras ser detenidos, dejaron una estela de oportunidades perdidas y expansión de economías informales.

La inquietud tenía sustento. El cobre, impulsado por la transición energética global, atraviesa un momento clave. Y el Perú, como segundo productor mundial, no puede darse el lujo de perder competitividad.

Durante esos días, el mensaje que circulaba entre inversionistas era uno solo: ¿es predecible el Perú?

RESPUESTA INSTITUCIONAL Y GIRO ESPERADO

El Ministerio de Energía y Minas actuó con un discurso claro desde el inicio: no se trataba de una cancelación, sino de una revisión. La narrativa oficial insistía en que el procedimiento administrativo seguía vigente y que la empresa tenía la oportunidad de subsanar las observaciones, pese a que ciertos detractores radicales buscaron enviar un mensaje de confusión y en especial respondiendo a intereses políticos en tiempos de elecciones tan confusas y manchadas de un tufillo de vicios e irregularidades.

Esa línea fue respaldada por autoridades regionales. El gerente regional de Energía y Minas, Iván Prado, explicó a Todo Minería que el proceso era una oportunidad para fortalecer el sustento técnico y legal del proyecto, no para detenerlo.

Hoy, la nueva resolución confirma esa lectura.

El documento oficial valida que Southern cumplió con los requisitos establecidos en el Reglamento de Procedimientos Mineros, incluyendo acreditación de terrenos, certificación ambiental y plan de minado, más aún, ratifica que el proyecto cuenta con un Estudio de Impacto Ambiental aprobado y con instrumentos de gestión ambiental vigentes. La institucionalidad, golpeada momentáneamente por la duda, se recompone con una decisión técnica.

EL PESO ECONÓMICO DE TÍA MARÍA

Pero más allá del trámite administrativo, Tía María representa una pieza clave en el engranaje económico del sur peruano y con una inversión estimada en más de US$ 1,800 millones, el proyecto tiene la capacidad de transformar la dinámica productiva de Arequipa.

La producción proyectada de 120,000 toneladas anuales de cobre lo coloca como un actor relevante en la oferta minera nacional.

El impacto laboral es inmediato y tangible:

  • Hasta 9,000 empleos en la fase de construcción
  • 3,500 empleos directos en el punto más alto de actividad
  • Más de 760 puestos directos durante la operación
  • Cerca de 4,800 empleos indirectos

Actualmente, más de mil trabajadores ya forman parte del proceso constructivo, muchos provenientes de la región, para una zona con alta dependencia agrícola, esta diversificación representa una oportunidad histórica.

CANON, DESARROLLO Y EFECTO MULTIPLICADOR

El impacto económico no se limita al empleo.

El proyecto tiene un efecto directo en las finanzas públicas. Se estima que Tía María incrementará en un 40% el canon minero de Arequipa, generando ingresos adicionales que podrían traducirse en infraestructura, servicios y desarrollo social.

Las cifras proyectadas son contundentes:

  • Entre S/ 400 y S/ 467 millones anuales en canon y regalías
  • Más de S/ 5,460 millones en 20 años

Estos recursos tienen el potencial de cambiar la realidad de provincias enteras, siempre que sean gestionados con eficiencia y en ese sentido, la discusión ya no es solo si el proyecto debe ejecutarse, sino cómo aprovechar mejor sus beneficios.

UNA CONVICCIÓN QUE NUNCA DESAPARECIÓ

Mientras el debate público oscilaba entre la incertidumbre y la crítica, en el sector empresarial la convicción se mantenía firme.

El presidente del directorio de Buenaventura, Roque Benavides, lo había dicho sin rodeos: Tía María se desarrollará.

Esa certeza no era solo optimismo. Era una lectura basada en la relevancia estratégica del proyecto y en el contexto global del cobre.

Hoy, esa afirmación encuentra respaldo en los hechos.

EL COMPONENTE SOCIAL: EL DESAFÍO PENDIENTE

Sin embargo, no todo está resuelto. Tía María arrastra una historia compleja en el Valle del Tambo, donde sectores de la población mantienen su oposición por temor a impactos ambientales, especialmente en la agricultura, pero un análisis de Todo Minería que se publica en esta edición en la página 3, en Islay el discurso radical izquierdista no alcanzó respaldo mayoritario y eso también sucedió a nivel Arequipa, que por historia y tradición es una región minera.

Southern ha reiterado que utilizará agua desalinizada, evitando cualquier afectación al río Tambo. Además, asegura que cumple con los estándares ambientales más exigentes.

Pero la confianza social no se construye solo con documentos técnicos. El verdadero desafío comienza ahora: consolidar legitimidad en el territorio:

  • Entre la política y la inversión
  • El contexto político también juega su papel.

A puertas de un proceso electoral, decisiones como esta adquieren una dimensión adicional. Analistas como Fernando Cillóniz han advertido sobre la influencia de factores externos, incluidas economías ilegales, en la dinámica política del país.

En paralelo, el abogado Javier Rospigliosi Rospigliosi ha subrayado a Todo Minería que la reevaluación del proyecto respetó el debido proceso, permitiendo a la empresa corregir observaciones sin vulnerar sus derechos.

El equilibrio entre legalidad, inversión y estabilidad política vuelve a estar en el centro del debate.

UNA SEÑAL QUE TRASCIENDE FRONTERAS,

La reactivación de Tía María no solo impacta a Arequipa o al Perú, tal como lo reiteró siempre su presidente Oscar González Rocha, que hace poco falleció y dejó un legado de promover una minería moderna y responsable.

En un contexto global donde el cobre es clave para la transición energética, cada proyecto cuenta. Y cada señal institucional también. La breve pausa generó dudas. La autorización final envía un mensaje distinto: el Perú puede corregir sin detener. Para los inversionistas, esa diferencia es fundamental.

EL REGRESO DE LA CONFIANZA

En el valle de Tambo y zonas de influencia del proyecto, donde el viento levanta polvo sobre las rutas recién abiertas, la maquinaria no se ha detenido. Pero ahora, el ruido es distinto. Ya no es el de la incertidumbre, sino el de una apuesta que vuelve a tomar forma.

Tía María sigue siendo un proyecto en construcción. No solo en términos físicos, sino también sociales y políticos. Pero con esta decisión, el país ha dado un paso clave: demostrar que la inversión y la legalidad pueden convivir. Y que, incluso después de la duda, la confianza puede reconstruirse.

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