Manuel Gago

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La estabilidad y crecimiento de la minera legal –la que aporta al erario nacional renta, divisas, canon y otros beneficios económicos y sociales– están en juego. Los resultados de la primera vuelta electoral no son como debían ser.

Ya se hizo la mala costumbre de que cada cinco años de elecciones generales se juegue a la ruleta rusa con el país. En medio de las emociones, impactos publicitarios e influencia de medios, se valida el fraude organizado por los operadores electorales. Y asimismo, la idea de votar por el mal menor, acuñada con el fin de debilitar la siguiente gestión presidencial. Todos tenemos debilidades y desaciertos. Estamos derrotados si partimos de la premisa de elegir entre el cáncer y el sida. Mirar la vida con optimismo no es fácil pero es posible.

La dinámica económica nacional enseña. Los mayores optimistas son los mineros. Sus prospectos duran décadas para hacerse realidad. La obtención de permisos en cada oficina pública y la socialización en los poblados son verdaderas hazañas.  

Con estabilidad política y gobierno sustentado en el Capítulo Económico de la Constitución de 1993, Perú fácil sería el primer productor mundial de cobre. La creciente demanda global lo exige. Se pronosticaba que el precio del cobre subiría. Por lo pronto, de US$4.22 la libra en 2025, al promedio actual de US$5.84. En la bolsa de Nueva York alcanzó US$6.50. Si vendiéramos más, tendríamos más ingresos para el crecimiento y desarrollo nacional. Pero, personajes como Antauro Humala y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, dicen con enorme desparpajo que el crecimiento económico no importa sino el crecimiento social, el humano. La respuesta sería “del cuero salen las correas”. Punto.

No obstante, la gran importancia de la gran minera moderna y responsable, la pequeña minería –la artesanal, la difícilmente legalizada por normativas inalcanzables– merece ser atendida de manera distinta a quienes piensa invadir yacimientos que a otros les costó explorar y ponerlos en valor. Al respecto, siendo el oro el principal producto de los mineros ilegales, un acuerdo entre Perú y Suiza otorgaría mercados formales al oro peruano. 29 firmas suizas conforman el acuerdo, interesadas en fomentar “cadenas de valor”. Una manera de frenar el contrabando, el que elude todo compromiso tributario.

El potencial minero y, en general, de la inventiva y esfuerzo nacional, es grandioso en contraste con los de puñados de sujetos dedicados a ejercicios políticos cuestionados. 

Después de declarar que no ve evidencias de fraude y robo descarado de votos, durante la primera vuelta electoral, Jorge Zapata, presidente de la Confiep, pretende pontificar. Dice ahora que la incertidumbre electoral afecta las expectativas empresariales y espera que las cosas salgan bien en la segunda vuelta. Agrega que, “el tema electoral se ha deteriorado, que hay un discurso, un plan de gobierno, que no le conviene al país”. Zapata debe saber que ese discurso y ese plan que no le conviene han permitido esa sumatorias de irregularidades descaradas y activaron un plan para cerrarle el paso a Rafael López Aliaga en la primera vuelta electoral.

La tibieza del empresariado destruye liderazgos. ¿O es que, acaso, unos estarían dispuestos a entablar acuerdos con los comunistas radicales y extremistas? ¡Qué ingenuidad infantil!

La minería que conozco es arriesgada, altamente optimista y, sobre todo, comprometida con la gente en los lugares donde se establece. Punto.

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