Generar condiciones para invertir es el llamado de la gran minería, en voz del presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino. El representante gremial asegura que Chile tiene todo para alcanzare incluso superar los 6 millones de toneladas de cobre al año. Sostiene que para cumplir esa “meta psicológica” de la industria es necesario avanzar en cuatro puntos fundamentales: certeza jurídica, procesos de autorización más eficientes, mejor competitividad en costos y el desarrollo de infraestructura habilitante en energía y agua.
“Con eso, esa meta es perfectamente alcanzable. Por el contrario, si persisten las dificultades que han retrasado proyectos en los últimos años, los plazos seguirán extendiéndose. Lo importante es entender que la demanda de cobre seguirá creciendo. La transición energética, la electrificación de la economía, el desarrollo de energías renovables y la expansión de la infraestructura digital están generando una necesidad estructural de este mineral”, sostiene en entrevista con LT Minería.
¿Qué tan relevante ha observado que es la minería para el nuevo gobierno?
El gobierno ha demostrado que entiende el rol estratégico de la minería. Lo vemos en la preocupación del Comité de Ministros, que sesiona con una frecuencia muy superior a la de gobiernos anteriores; y estas y otras señales se han traducido en el ingreso al SEIA de una cartera de proyectos de alrededor de US$ 20.000 millones. Dicho esto, la relevancia que se le da en el discurso debe traducirse, además, en reformas institucionales concretas, porque el potencial existe, pero el sistema de permisos sigue siendo el principal freno de mano de la minería.
En ese sentido, ¿cuáles debieran ser las prioridades del país en materia minera?
A nuestro juicio, hay tres prioridades para que Chile aproveche plenamente la oportunidad que enfrenta la minería. La primera es avanzar en la modernización del sistema de permisos y del SEIA, a fin de contar con procesos más predecibles, oportunos y consistentes. La segunda es fortalecer la certeza jurídica y regulatoria, una condición indispensable para movilizar inversiones que se planifican a largo plazo. Y la tercera es mejorar la competitividad y productividad de la industria, abordando desafíos como los costos de energía y agua, la infraestructura y la incorporación de nuevas tecnologías. Todo esto es especialmente relevante, porque el mundo está demandando cada vez más cobre y minerales críticos para la transición energética, la electrificación y el desarrollo de nuevas tecnologías. Chile tiene una posición privilegiada para responder a esa demanda, pero hoy compite con otros países que también cuentan con condiciones atractivas para desarrollar la minería. La pregunta ya no es si existirá demanda de nuestros minerales, sino si seremos capaces de generar las condiciones para que esa oportunidad se traduzca en más inversión, más producción y más desarrollo para el país.

