Manuel Gago

En las actuales circunstancias, con el presidente José María Balcázar, el fenómeno El Niño 2026 y el Niño Global que se aproximan hallarán al país desprotegido. Una vez juramentada, Keiko Fujimori tendrá que presentar un gabinete de emergencia y resolver sobre la marcha los estragos de los temporales.

Por lo pronto, el Instituto Peruano de Economía (IPE) presentó perspectivas económicas resultantes de estos eventos destructivos. Las actividades más afectadas serán la agroindustria, la agricultura de consumo local y la pesca industrial y artesanal. Asimismo, el acceso hacia el mundo minero y a la zona andina tendrá dificultades.

Después de amargas experiencias, la prevención todavía no se desarrolla con suficiente criterio técnico y responsabilidad. La corrección apresurada no conduce a nada estable en el tiempo. A la fecha, todavía existen obras pendientes del fenómeno de El Niño Costero del verano de 2017. Igualmente, las intervenciones y obras de recuperación posteriores al terremoto de Pisco de 2007 fueron entregadas a empresas locales inexpertas. El manejo político y mafioso de los recursos es una realidad escandalosa. Es visible la presión que ejercen alcaldes y gobernadores regionales por convertirse en protagonistas de la reconstrucción.

La ausencia de capacidad técnica y de gestión, sumada a la corrupción de algunas autoridades, está documentada por la Contraloría, la Fiscalía y el Poder Judicial. Esta es la razón del abandono y la ira de los pobladores del interior del país, materializada en protestas violentas. En este contexto, Keiko tendrá que conformar un gabinete de emergencia para enfrentar los devastadores daños ocasionados por los fenómenos climáticos.

No obstante, sin ser alarmistas —repetimos—, la prevención es la mejor respuesta, destinando maquinaria, equipos y personal especializado a los lugares de probable afectación. Por su parte, la minería suele estar mejor preparada. Cuenta con equipos y personal idóneo para realizar tareas en condiciones adversas y altamente peligrosas. Esa capacidad de respuesta también beneficia a los poblados ubicados en las zonas de influencia minera.

El Niño Costero de 2017 afectó a 1,5 millones de personas. Dejó 162 fallecidos, incontables viviendas destruidas, miles de hectáreas cultivables inundadas, canales de regadío inhabilitados, puentes colapsados, carreteras interrumpidas, aguas empozadas, epidemias y otros daños. Las cifras de la reconstrucción —manejadas por distintas autoridades nacionales, regionales y locales— alcanzaron los US$ 9.000 millones, casi el 4,5 % del producto bruto interno. Ya sabemos, entonces, por qué la prevención es un asunto sustantivo que no puede quedar en manos de autoridades más preocupadas por los votos o por decidir a quién otorgar los millonarios contratos.

En efecto, la prevención frente a las lluvias consiste en trabajar en las partes altas de las cuencas, sobre las montañas, quebradas y cauces de los ríos. Forestación, cochas, canales, reservorios, descolmatación, puentes Bailey disponibles, servicios de rescate y personal médico en alerta, entre muchas otras acciones, deberán estar en la agenda de Keiko y de quienes integren su primer gabinete ministerial.

Frente al impacto de estos fenómenos, la intervención de las Fuerzas Armadas sería, una vez más, una magnífica oportunidad para demostrar su capacidad operativa en situaciones graves y contribuir decisivamente al bienestar del país.

Manos a la obra antes y no después, para evitar que el balance de las terribles lluvias vuelva a ser desastroso.

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