CREO QUE…Van y vienen los lamentos
La pluma nunca se moverá con la prisa suficiente como para reproducir cada palabra descubierta en el ámbito de la memoria. Algunas cosas se pierden para siempre; otras quizá vuelvan a recordarse, y otras más se encuentran y se pierden una y otra vez.
Imposible estar seguro de nada. A veces estamos solos aun estando acompañados. No existe ninguna compañía que llene los vacíos que fuimos acumulando con el paso de los días. Esa soledad de la que nos habla el notable escritor Paul Auster es el fracaso perpetuo de nuestros días, donde la soledad, en todas sus manifestaciones, se hace presente y nunca está ausente.
Hace algunos días, cerca de la universidad, observé la siguiente escena: a unos veinte metros de donde me encontraba, en medio de la acera, una joven estudiante se balanceaba como una marioneta. Una señora la ayudaba angustiada y un joven que, luego me enteraría, era su pareja, le imploraba que despertara.
Me acerqué con una botella de agua mientras cargábamos a la jovencita. Me percaté de que el joven estaba ebrio y deduje que ambos habían bebido y que ella, posiblemente, se encontraba bajo los efectos de alguna sustancia. Se habían excedido. Lo que veía era deplorable.
¿Cómo podía ser posible pasar de largo? Creí que se trataba de una emergencia de salud y me encontré en medio de una situación protagonizada por dos jóvenes intoxicados. Al instante imaginé, amigo o amiga, que tienen hijos.
¿Cómo es posible que algunos jóvenes, como en este caso, beban hasta perder el conocimiento? Es precisamente allí donde comienzan las desgracias y mucho más.
Cuando comprendí que era una escena cada vez más común y que poco podía hacer, me alejé. Me lamenté por estos jóvenes irresponsables y me puse en el lugar de sus padres, como tantos otros en cualquier rincón del planeta.
Estos dos pésimos ejemplos no tienen la menor idea de aquello que llamamos responsabilidad propia y ajena. Como cualquier progenitor, uno envía a sus hijos a la universidad para estudiar y labrarse un futuro. Pero ¿qué sucede cuando, como en este caso, hacen exactamente
lo contrario? Allí es donde comienzan las soledades que tanto cuestionamos, pero que muchas veces nosotros mismos provocamos.
Todos hemos sido jóvenes y, aunque siempre hay tiempo para la diversión, nunca debería llegarse a estos extremos. Imagino qué habría sucedido si la joven hubiera aparecido violada o muerta. Recién entonces llegarían las lamentaciones, cuando todo pudo prevenirse con acciones responsables. Luego no nos lamentemos por esto o aquello. Cuidemos y estemos atentos a lo que hacen nuestros hijos, orientémoslos y corrijámoslos cuando aún estamos a tiempo. Después, algunas cosas se pierden para siempre y otras nunca vuelven a ser las mismas.
Hasta la próxima.
