Manuel Gago

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Diana Esquinarila, en columna publicada en el diario Expreso, plantea la importancia de los arequipeños con el desarrollo del sur; “una puerta de reconciliación”, dice, por ser “un espacio decisivo y distinto al resto del país” y, agrega, “no estar condenada a votar siempre bajo la lógica izquierdista”.

Esquinarila recurre a los resultados de la primera vuelta electoral 2026: Fuerza Popular obtuvo en Arequipa un 36.40% de votos, “su mejor resultado histórico”. Contrariamente, en el sur minero –con una nueva y sorprendente clase media rural–, el voto mayoritario es izquierdista.

A nuestro entender, los comunistas y separatistas hacen un buen trabajo de inducción ideológica. Los resultados saltan a la vista. Muchas radioemisoras –como en gran parte del país– cumplieron perfectamente su papel antisistema. Para el suscrito, existe una equivocada percepción del sur. La riqueza abunda y las oportunidades son aprovechadas por una población infatigable y generosa. La conozco. Viví en Toquepala (Tacna). Desde antes, la mayoría provenía de Puno. Gente esforzada y con ganas de surgir. Lo dice Hernando de Soto en El otro Sendero (1987). Ejemplariza su capacidad innovadora y de gestión sin tanta academia y con puro olfato empresarial. Con cifras oficiales, demostró el crecimiento de las edificaciones informales frente a las formales del resto del país y del Estado. Lo mismo en el comercio, influenciado por el contrabando. Los emporios comerciales sureños, entre ellos el famoso Polvos Rosados de Tacna, son la muestra viva de un país capitalista hasta el tuétano.

Con Alberto Fujimori el paisaje del lago Titicaca cambió: sobresalen los colegios anaranjados. Hoy es una realidad la industrialización de la papa, trucha, lana de auquénidos, minerales y más. Plata, litio, uranio y otros minerales y tierras raras esperan ser aprovechados. Sí, por el uranio Perú sería el principal productor y distribuidor de energía en el sur latinoamericano. No obstante, hasta ahora no existe una legislación que considere su exploración, explotación, conservación, transporte, aprovechamiento y demás de minerales radioactivos. 

La palabra dignidad enaltece las entrañas. Puno no reclama compasión. Existe abandono del Estado en el interior del país por los presupuestos despilfarrados por las autoridades locales. No hay obras productivas por falta de capacidad técnica y de gestión de las autoridades elegidas por la población. Eligen mal. Eligen a los peores. Eligen influenciados, eligen contra su espíritu emprendedor.

Como en Tacna, gran parte de la población arequipeña procede de Puno. Allí prosperan y allí existe una deuda con la tierra de sus padres y la que los vio nacer. La gran tarea es desmontar esas falsas percepciones que detienen el avance nacional. La presidencia de Keiko Fujimori buscará la unidad indivisible. Hora de callar esas “narrativas” divisionistas promovidas por los comunistas. Y también, hora de las reformas de segunda generación que acercarán al país al primer mundo para beneficio de todos.

“Arequipa podría convertirse en la puerta de reconciliación con el sur peruano”, sostiene Diana Esquinarila. Manos a la obra. Sin tanto discurso, voceros políticos y técnicos podrían resolver distancias –a nuestro entender– construidas de manera artificial.

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