Por Wilfredo Mendoza Rosado
Generar una imagen-dibujo editorial para siguiente comentario: La democracia se basa en el axioma de que mis deberes y derechos terminan donde comienzan los deberes y derechos de los demás. Muy simple. Si esta frase se cumpliera en su cabalidad, estaríamos hablando de muchas sociedades con mejores ciudadanos, donde el respeto mutuo sería el punto de partida.
Esto no pasa de una utopía, porque así como en la democracia, en unas elecciones como la de nuestro país, unos ganan y otros pierden. No importa el margen, así sea por un solo voto. Sin embargo, luego de completar el 100% de las actas electorales, se da por ganadora a Keiko Fujimori y como perdedor a Roberto Sánchez, quien, a regañadientes y mascullando la prostituida palabra “fraude”, sigue sin admitir su derrota.
Creo que es hora de voltear la página y dejar a los analistas el porqué y el cómo de su derrota, así como las razones de la postergada victoria de la señora K. No me interesa, porque ahora y desde el próximo 28 de julio, tenemos que vigilar que la futura presidenta cumpla con todas sus promesas.
La verdad, la democracia sigue convertida en una suerte de venganza, vista desde la óptica de los perdedores, cuando no acaban por entender que el mandato de las urnas es inapelable y que, al fin y al cabo, lo esencial es seguir creciendo como país, donde en primer lugar se instale un Estado fuerte, en el que el concepto de seguridad para todos nos devuelva la paz que tanto urgimos, donde los sicariatos, asaltos y todo acto delincuencial sigan creciendo como la espuma y las fuerzas del orden se han visto rebasadas y superadas. Lo peor.
Existen tantos problemas que, por lo menos en educación, vivienda y salud, deben mejorar las cosas y es parte de este nuevo gobierno de Fuerza Popular, a quien, la verdad, no le tengo el mínimo de fe, nada de nada, pero como demócrata acepto los resultados de Juan Pueblo.
En suma, la señora K tiene la gran oportunidad de gobernar para todos los peruanos y, aunque la polarización es evidente, lo fundamental es, por lo menos, mantener los índices económicos y tener un Estado que gobierne para todos, no para unos cuantos, como hace muchos años viene sucediendo. Estaremos atentos.
