• Por Mónica Cornejo Bonilla
  • CEO de MCB Consulting & Training
  • gerencia@mcbconsultores.com

El mercado de carbono empieza a aparecer con más fuerza en las conversaciones sobre sostenibilidad minera. Sin embargo, para participar seriamente en estos mercados no basta con tener interés, sembrar árboles o anunciar compromisos ambientales. La ruta empieza mucho antes.

El primer paso es medir. Una empresa minera necesita conocer su huella de carbono, identificar sus principales fuentes de emisión y entender dónde puede reducir. Sin esa línea base, cualquier estrategia pierde consistencia.

Luego viene la reducción. Antes de pensar en créditos de carbono, la minería debe revisar su consumo de energía, combustibles, transporte, procesos operativos, manejo de residuos y cadena de proveedores. Compensar no debería ser la primera respuesta. La prioridad debe ser evitar y reducir emisiones donde sea técnicamente posible.

Después aparece la posibilidad de desarrollar o adquirir créditos de carbono. Para ello se requieren proyectos bien diseñados, con adicionalidad, trazabilidad, permanencia, monitoreo y verificación independiente. En minería, esto puede conectarse con restauración de áreas degradadas, revegetación, manejo de suelos, economía circular, eficiencia energética o alianzas con territorios cercanos. Por eso, la empresa debe contar con información verificable, criterios técnicos y una gobernanza clara.

La minería tiene una oportunidad real en estos mercados, pero no como atajo. Su participación debe formar parte de una estrategia climática más amplia, integrada a la gestión ambiental, la operación y la relación con el territorio.

El carbono puede abrir nuevas oportunidades para la minería. Pero la ruta responsable empieza con una pregunta básica: ¿sabemos realmente cuánto emitimos y qué estamos haciendo para reducirlo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *