En una región minera con importantes ingresos por canon y regalías, la decisión de hoy plantea un desafío mayor que escoger autoridades: definir quiénes tendrán la capacidad de convertir dinero, proyectos y oportunidades en desarrollo.
Arequipa vuelve hoy a las urnas con una pregunta que durante demasiado tiempo quedó pendiente: ¿por qué una región con recursos, capital humano, empresas y proyectos estratégicos continúa arrastrando problemas que debieron resolverse hace años?. Este 4 de octubre, 1 millón 234 mil 584 electores están habilitados para decidir quién conducirá los municipios y el Gobierno Regional. La oferta es amplia: 17 candidatos disputan la alcaldía provincial y 15 postulan al Gobierno Regional. Pero el verdadero desafío no está en la cantidad de aspirantes, sino en la capacidad que tengan para gobernar.
Arequipa posee condiciones que muchas regiones quisieran tener. El Mapa de Distancias del Perú, presentado por Paola Bustamante y Milton von Hesse, directores de Hágase Instituto, ubica a la región quinta entre 24 departamentos. Alcanza 73,2 puntos en capital humano y el 49,4% de jóvenes entre 25 y 34 años completó educación superior, la proporción más alta del país. Junto con Moquegua y Tacna integra el denominado “Sur de alto capital humano”.
Sin embargo, esa fortaleza contrasta dramáticamente con la gestión de la inversión pública. Arequipa ocupa el puesto 22 entre 24 departamentos y un proyecto concluido registra una mediana de 7,3 años de duración. Más preocupante todavía: el 41,7% del presupuesto de inversión está asociado a obras paralizadas.
“Debemos migrar a un concepto de gasto eficiente, no simplemente gastar más”, advirtió Von Hesse. El diagnóstico también identifica precariedad en el 51,9% de la capa directiva del Gobierno Regional. Bustamante plantea recuperar la meritocracia en las contrataciones estatales y evaluar el desempeño del personal.
CANON MINERO EXIGE RESULTADOS
La contradicción resulta mayor porque somos una región minera y disponemos de recursos que deberían acelerar el cierre de brechas. Según la información consignada en el documento base, Arequipa recibirá en 2026 S/1.171 millones por canon minero, considerando los recursos destinados al Gobierno Regional, municipalidades y demás instituciones beneficiarias.
Ese dinero no puede observarse únicamente como una cifra presupuestal. Representa hospitales, colegios, carreteras, saneamiento, infraestructura productiva y servicios que podrían mejorar la calidad de vida. El verdadero problema aparece cuando los recursos existen, pero la capacidad para transformarlos en resultados no avanza al mismo ritmo.
Una obra paralizada significa mucho más que concreto abandonado. Representa empleo que no se generó, servicios que no llegaron, inversiones postergadas y recursos que deberán volver a programarse. Un expediente deficiente puede retrasar durante años una infraestructura necesaria y una contratación mal conducida terminar en controversias, sobrecostos y paralizaciones.
Mientras tanto, Arequipa mantiene enormes desafíos: Majes Siguas II, Corío y las inversiones vinculadas con minería, agricultura, turismo e infraestructura esperan decisiones políticas y técnicas. A ello se suman problemas cotidianos como transporte, inseguridad, limpieza pública, expansión urbana desordenada y brechas persistentes en salud y educación.
NO BASTA PROMETER, HAY QUE SABER GOBERNAR
Aquí aparece una cuestión fundamental. El problema de una mala administración no se limita a la corrupción. También existe el costo de la incapacidad.
Una autoridad puede no estar involucrada en hechos ilícitos y, aun así, fracasar por falta de preparación. La improvisación destruye valor público cuando deriva en presupuestos mal ejecutados, obras retrasadas, servicios deficientes y oportunidades de inversión que terminan buscando otros territorios.
Gobernar Arequipa exige conocer presupuesto, inversión pública, contratación estatal, planificación urbana, servicios, gestión de conflictos y desarrollo territorial. La política puede servir para ganar una elección, pero administrar correctamente requiere capacidad técnica.
Por eso, hoy corresponde mirar más allá de las promesas. Importa conocer cuánto costará una obra, cómo se financiará, qué estudios la respaldan, cuándo estará terminada, qué profesionales conformarán el equipo responsable y cómo se medirán sus resultados. Tampoco basta prometer empleo: debe explicarse qué inversiones permitirán generarlo.
El sector privado puede contribuir mediante mecanismos como Obras por Impuestos y acompañar el cierre de brechas, pero ninguna empresa puede reemplazar la responsabilidad de autoridades obligadas a establecer prioridades y garantizar una administración eficiente.
Arequipa tiene recursos. Tiene minería, agricultura, empresas, universidades, profesionales y grandes proyectos. Tiene, además, ingresos provenientes del aprovechamiento de sus recursos naturales que deberían convertirse en desarrollo.
Hoy no se decide solamente quién ocupará un despacho regional o municipal. Se decide quién administrará importantes recursos públicos, qué proyectos avanzarán, cuáles seguirán esperando y qué oportunidades podrán convertirse en empleo, infraestructura y bienestar.
Arequipa tiene los recursos para cambiar. La decisión ciudadana determinará qué capacidades, equipos, antecedentes y propuestas considera necesarios para administrarlos. Porque disponer de dinero no basta: gobernar exige saber transformarlo en resultados.
