La minería está generando una oportunidad que Arequipa no puede limitarse a observar desde la tribuna. El crecimiento de las inversiones mineras debe convertirse también en una plataforma para fortalecer a las micro y pequeñas empresas (MYPES), generar empleo, desarrollar capacidades y conseguir que una mayor proporción del valor económico permanezca en la región.

Los números demuestran que existe un mercado de enormes dimensiones. En Cerro Verde, las contrataciones acumuladas alcanzaron US$ 2.482 millones hasta 2023, de los cuales US$ 960 millones fueron adjudicados a empresas de Arequipa. Es decir, cerca del 38% del gasto en bienes y servicios tuvo como destino proveedores regionales. No es una cifra menor: demuestra que cuando existe capacidad empresarial, la minería puede convertirse en un poderoso motor para el tejido productivo local.

La experiencia de Tía María apunta en la misma dirección. Aunque Southern Perú todavía no ha divulgado un monto oficial de compras exclusivamente locales, durante 2025 fueron diagnosticadas e incorporadas 168 empresas de Islay al listado de proveedores locales. El desafío ahora es que ese registro se transforme en contratos, crecimiento empresarial y oportunidades permanentes.

También resulta ilustrativo el caso de Antapaccay. Entre 2019 y 2025, la operación reportó S/ 2.992 millones canalizados al desarrollo de Espinar. De este monto, S/ 1.555 millones correspondieron a compras locales y S/ 980 millones a empleo local. La experiencia demuestra que una minería articulada con proveedores del territorio puede generar un efecto multiplicador mucho más allá de sus propias operaciones.

Arequipa enfrenta ahora una coyuntura especialmente favorable. Entre enero y junio de 2026, la región recibió US$ 535 millones de inversión minera, equivalentes al 16,2% del total nacional, con un crecimiento interanual de 91,4%. Tía María y Cerro Verde explican buena parte de este dinamismo.

Pero la oportunidad no garantiza resultados. Las MYPES deben prepararse para competir bajo estándares mineros: calidad, seguridad, formalidad, capacidad financiera, certificaciones, cumplimiento ambiental, trazabilidad y puntualidad. Y las grandes empresas deben profundizar sus programas de desarrollo de proveedores, no solo para comprar localmente, sino para ayudar a elevar su productividad.

El reto de Arequipa es pasar de venderle a la minería a crecer con la minería. Para ello se necesita una alianza entre empresas mineras, MYPES, gremios, universidades y Estado. Si las inversiones que llegan a la región no consiguen consolidar una nueva generación de proveedores competitivos, se habrá perdido una parte importante de su verdadero potencial transformador. Arequipa no solo debe ser destino de inversión minera. Debe convertirse también en territorio de empresas que crecen, innovan y exportan gracias a la minería.

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