A pesar de que el inicio de 2026 parecía favorecer a los metales preciosos y semipreciosos, con extraordinarios “rallies” en las cotizaciones del oro y la plata, y luego de que ambos experimentaran correcciones relevantes durante el primer semestre del año, la posición que ocuparon brevemente en enero ha venido siendo cedida al cobre, que está alcanzando récords históricos que bien podrían sostenerse en virtud de condiciones estructurales que favorecen la demanda del metal de la electrificación, en un momento en que la oferta enfrenta dificultades.

Habiendo mantenido el nivel de soporte de US$6 la libra, los futuros del cobre superan ya el récord histórico de US$6,63 la libra, registrado en junio de 2026, y han llegado a cotizaciones superiores a US$6,70, a pesar de las fluctuaciones alrededor de los US$6,60.

El constante incremento de las cotizaciones responde a una creciente convicción entre analistas y operadores del mercado de que el complejo metálico se encuentra en el proceso de un nuevo “superciclo” de materias primas duras, impulsado por la creciente demanda generada por la transición energética, la electromovilidad, la digitalización de la economía, la robótica y el incremento del gasto en defensa. Estas tendencias confirman el déficit entre demanda y oferta, dadas las limitaciones en el minado de cobre durante las próximas décadas.

En su último reporte sobre el cobre (“Copper in the Age of AI: Challenges of Electrification”, enero de 2026) y en otro relevante sobre el mismo metal (“The Future of Copper | Will the Looming Supply Gap Short-Circuit the Energy Transition?”, julio de 2022), S&P Global argumenta que el mundo se está “electrificando”, en la medida en que el consumo de electricidad se incrementará en 50% hacia 2040, generando que la demanda mundial de cobre aumente en la misma proporción para ese año, al pasar de 28 MTM a 42 MTM.

Con las leyes promedio globales de cobre disminuyendo, condiciones geopolíticas conflictivas, inversiones limitadas y sin suficiente desarrollo de nuevas minas o expansión de las existentes, el suministro de cobre primario podría aumentar desde las actuales 23 MTM hasta un máximo de 27 MTM en 2030, para luego declinar a 20 MTM en 2040. Esto generaría un déficit, frente a una demanda potencial de 42 MTM, de 10 MTM (24%), asumiendo una oferta secundaria de 10 MTM.

En un entorno en el que existe una alta concentración del procesamiento y la cadena de suministro del cobre en China; un tiempo promedio de desarrollo de una mina de 17 años; costos incrementales en operaciones más profundas y alejadas; cambios en las políticas gubernamentales y déficit de mano de obra, la producción de cobre enfrenta condiciones estructurales que mantendrán las limitaciones de la oferta frente a una demanda sostenida, a su vez, por factores estructurales.

Tales condiciones están generando ese nuevo “superciclo” de materias primas, que incluye metales preciosos e industriales, además de materias primas blandas, con particular énfasis en el cobre. Este, como metal de bandera del Perú, resulta clave para el destino y futuro del sur peruano y de Arequipa, que a Cerro Verde (450.000 TM PA) está a punto de sumar Tía María (120.000 TM PA), a las que se une Chapi (10.000 TM PA) y podrían sumarse Zafranal (133.000 TM PA), Cangallo y Costa de Cobre, contribuyendo a que la producción anual de cobre peruana se duplique desde las actuales 2,7 MTM hasta más de 5 MTM en las próximas dos décadas (jeg/lp/093026).

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