Por Manuel Gago

Tía María va. Una faja de 6 kilómetros, desde la zona seca, de trituración del mineral, a la zona húmeda, la zona de lixiviación, será utilizada para transportar el mineral preparado. Una carretera de 22 kilómetros unirá las operaciones mineras con el puerto de Matarani. Será construida para evitar que el paso de camiones cargados de mineral por el valle de Tambo perturbe las actividades agrícolas. En Mollendo estará instalada la planta desalinizadora de agua de mar. 30 asociaciones de agricultores identificadas están incluidas en el área de influencia del proyecto, seguirán siendo parte importante del proyecto de cobre; quedará demostrado que la minería es compatible con la agricultura. 764 empleos directos y 5,900 indirectos serán necesarios para producir cátodos de cobre al 99.99% a partir del segundo semestre del 2027.

Las expectativas generadas por el inicio del emblemático proyecto de cobre Tía María ponen al país en modo inversión y despegue. No obstante, el economista Carlos Adrianzén en la columna La importancia de la minería, publicada en El Montonero, señala que “resultaría relativamente sencillo y rápido mejorar extrayendo y distribuyendo nuestros recursos naturales… desdichadamente, la conexión entre dotación de recursos naturales y la riqueza de un país no es simple ni automática”. Y pone como ejemplo a Australia: “Allá se usan los recursos naturales para consolidar una institucionalidad de acumulación y crecimiento”. Más claro ni cantado.

En efecto, los recursos de la minería no son bien aprovechados. Por los grandiosos ingresos provenientes de la minería el presidente Manuel Odría construyó colegios, hospitales e innumerables obras productivas. Con el socialismo de Juan Velasco todo se vino abajo. La otrora minera estatal Centromín con sus siete unidades productivas fue poblada por burócratas en lugar de profesionales extrayendo y agregándole valor a los minerales. Con Alberto Fujimori, al finalizar la década de los noventas, la planilla estatal era de 800 mil empleados públicos; hoy, un millón 600 mil representan más del 60% del presupuesto nacional. Qué decir del canon y regalía entregadas a las regiones. Por tratarse de un ingreso extraordinario debía ser utilizado en proyectos extraordinarios. Pero no. Es utilizado en gasto corriente. Y por eso la gente se queja. Los ingresos de la minería no benefician a las mayorías.

El ejemplo de Carlos Adrianzén es pertinente ahora que Perú estaría iniciando ese modo de inversión y despegue. Soy testigo de la influencia social desarrollada por Southern Perú desde las minas Toquepala y Cuajone y de la fundición de Ilo en Tacna y Moquegua. Sabemos de todo lo trabajado en las comunidades donde Tía María se instala. Sin embargo, “no solo de pan vive el hombre”. Hoy más que nunca es imprescindible hacer esfuerzos por fortalecer la institucionalidad nacional. Esta no es tarea extraña y no compete solo al gobierno y sus autoridades. Encienda usted su televisor y radio, lea los periódicos y plataformas de Internet y converse con sus hijos universitarios. Allí se dará cuenta que las instituciones republicanas corren peligro, que la democracia y la libertad tal como la conocemos pueden desaparecer por más que se diga que la economía funciona y bienvenidas sean las inversiones. Existe un ataque consistente y coordinado contra las instituciones republicanas que de continuar así el país caería en las manos de otro Pedro Castillo, pero uno avezado.

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