Por Manuel Gago

De informalidad e ilegalidad minera se seguirá hablando de manera “académica” y periodística. Pero la realidad está allí. El enmarañado Reinfo es tan denso que la lógica se pierde, es nada frente a un país tomado por discursos populistas.  

 La realidad es un Estado que nunca estuvo preparado ni tomó en serio el Reinfo; tampoco previno y evitó su mal uso, transferido de la informalidad a la ilegalidad; menos todavía pisó tierra con los incumplibles requisitos de inscripción, como si los pequeños mineros fueran grandes. Lo que debió ser zanjado continúa de pie sin avanzar hasta que el nuevo gobierno vea cómo lo resuelve hasta diciembre del próximo año.

Hasta donde sabemos se desinflan los colectivos antimineros dispuestos a todo. Tía María va y asimismo más de 200 proyectos mineros (US$6,450 millones). Luis Bravo, ministro del sector, anunció la disposición del Gobierno de ir hacia adelante. No obstante, ¿podríamos decir que los ataques a la minería ya no van por la defensa del medioambiente y agua y se estarían concentrando en el “derecho de propiedad” de los mineros artesanales reclamando lo supuestamente suyo, tomado –según ellos– por la mediana y gran minería? Dicho así, a revisar la historia y las leyes y a amarrarse los pantalones. Entramos a terreno pantanoso.  

Si pues, hay quienes sostienen que los territorios mineros son ancestrales y los legítimos herederos están allí, en la punta del cerro y no en los bancos de Nueva York y Londres. Es la lógica socialista que cree que el tiempo se ha detenido. Lo cierto es que el estar sentado en un banco de oro describe exactamente la posición de los herederos de los supuestos mineros ancestrales. Digo “supuestos” porque los actuales prospectos mineros no estaban en la “cartera de inversiones” de la minería artesanal. No todos intuían que la riqueza mineral estaba en la cordillera andina, menos todavía el lugar exacto con todos los parámetros geológicos correspondientes. ¿Acaso evocan “la tierra es de quien la trabaja”, el dicho lanzado por Juan Velasco durante la fracasada reforma agraria de la dictadura militar? ¿La mina es de quien con pico y lampa saca lo que puede donde sea, cuando sea y costa de lo que sea?     

Sin capital, trabajo y riesgo cualquier veta queda en el olvido. Sin orden legal y social cualquier explotación minera no es posible por atentar contra la estabilidad jurídica y el medioambiente, menos todavía si es fuente de todas las criminalidades juntas. Estamos mal acostumbrados. En el primer mundo toda actividad necesita licenciatura, tener un título que habilite y dé constancia de conocimientos. Aquí cualquiera con martillo en mano se declara carpintero y con alicate, electricista o mecánico. Y ya sabemos las chambonadas que ofrecen. Eso es exactamente lo que ofrecen quienes se dedican a la minería sin registro, sin conocimiento total y sin someterse a las normas. La estética, la rigurosidad, la eficacia no existen en el peruano promedio. Acostumbrado al desorden, improvisación y malas calidades. Dónde el «ancestral» se asienta deja contaminación: destrucción medioambiental y social.   

El enmarañado Reinfo convivirá con la dinámica nacional por más tiempo, exactamente como acompañan el narcotráfico, los intentos subversivos, las extorsiones, el populismo, las medias verdades y una larga lista de vicios propios.

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