Por Manuel Gago

Con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 la ola estatista se hizo como lo hacen los regímenes socialistas para controlar la economía y la sociedad. No solo arrebataron la propiedad de empresarios locales y extranjeros sino también de pequeños emprendedores sin vínculos con el régimen.

Donald Trump reclama el petróleo que dice le pertenece a las compañías norteamericanas. En 1975, después de la nacionalización de petroleras estadounidenses, se creó Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA). Con Hugo Chávez esas petroleras perdieron sus activos y participación en PDVSA y –según se dice– sin indemnización alguna por intermedio del CIADI.

Las petroleras norteamericanas exigen recuperar sus instalaciones ahora destartaladas y lo invertido en reservas de petróleo. Las reservas se agotan. Pueden existir yacimientos de minerales e hidrocarburos, pero, para explorarlos y explotarlos, son necesarias inversiones de alto riesgo y esfuerzo humano. En el caso de los minerales, las exploraciones pueden fracasar por su baja ley y, en el caso de hidrocarburos por la composición del suelo y del pobre potencial económico del material hallado. La oposición de la población es también crucial.

En petróleo se distinguen los términos “recursos” y “reservas”. Técnicamente los recursos de gas y petróleo son “fluidos no atestiguados en la exploración geocientista”, un potencial en proceso y por confirmar. Las reservas son volúmenes cualificados y cuantificados de hidrocarburos corroborados científicamente de acuerdo al código API. Y así, como “mendigos sentados en un banco de oro”, los recursos no tienen valor si no se sabe si existen o no y, sabiendo, sin saber su ubicación exacta, magnitud y demás características. En términos reales no hay riqueza sin trabajo, capital, ingenio y riesgo.

Expertos aseguran que Venezuela exprime hasta la última gota de las reservas. Su riqueza es tan grande que la producción continúa aun cuando la producción podría ser mucho más. En Bolivia las reservas se extinguieron por abandonar las exploraciones. Por popularidad, el socialismo de Evo Morales, en lugar de incentivar la industria, destinó las utilidades al gasto corriente y subsidios. Abandonó las exploraciones por ignorancia, exactamente como en Venezuela. Los socialistas no logran entender que para crear riqueza hay que trabajar y arriesgar.

La clave en la industria petrolera es el financiamiento, el obtener fondos para iniciar las exploraciones cuyos costos dependen del lugar y características del pozo propiamente dicho. Esos fondos están en New York, Londres y en las petroleras que saben cómo hacerlo. Las alianzas empresariales no son novedad, mejoran el frente financiero, técnico y científico; reducen los riesgos de contaminación.  

El chavismo entregó a los militares la administración y venta del petróleo. La destrucción de la industria es obra de ellos. Los técnicos experimentados huyeron del país. Llevaron su experiencia alrededor del mundo. La ausencia de mantenimiento convirtió en chatarra las instalaciones. Sin tecnología regresaron al pasado, pudiendo ser mucho más. Los pozos abandonados fueron entregados a la militancia chavista para refinar gasolina en plantas improvisadas sin importar el cuidado del medioambiente. Como la minería ilegal, el combustible ilegal. El saqueo hizo ricos a militares y partidarios chavistas.

Las petroleras norteamericanas con tecnología nueva empezarán de cero en Venezuela. El panorama energético mundial cambiará con la intervención norteamericana. El potencial venezolano es inmenso. Bien administrado haría volver al país a sus gloriosos años. Se espera que la distribución de esa riqueza cree bienestar y prosperidad para todos sin excepción. Así se cortará el ciclo pernicioso de la mala política.  (Imagen IA)

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