Detener el avance de la pobreza y el abandono
Por Manuel Gago
A pesar del desconcierto político, el 2025 cerró con aires prometedores. El crecimiento de los precios del oro, cobre y plata es una buena señal. Asimismo, según la Universidad del Pacífico, “las empresas peruanas líderes lograron las mayores ganancias de la historia registrando utilidades netas por S/12,208.00 millones”.
Los resultados positivos de la minería fueron anunciados por el Ministerio de Energía y Minas. Respecto a diciembre del 2024 la producción de zinc creció 17.2%, hierro 14.0%, estaño 22.1% y plomo 1.5%. El cobre, el principal mineral de exportación, creció 1.2% alcanzando los 2 millones 769,794 de TMF. Según el Instituto Peruano de Economía (IPE), la demanda del cobre seguirá creciendo en los próximos años. Y aun cuando existen proyectos estancados por permisos pendientes, invasiones y conflictos sociales no resueltos por el Estado, el Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) planea liberar para uso minero 37,000 hectáreas.

No obstante los esfuerzos de la inversión privada, la política –la mala política hecha costumbre en el país– es la causante del abandono de las responsabilidades del Estado (Ejecutivo y gobiernos locales y regionales). El mayor problema está en el interior del país. Según el Consejo Privado de Competitividad, 31,383 proyectos públicos perdieron su continuidad en febrero último, unos por falta de presupuesto y otros por la pésima gestión de alcaldes y gobernadores regionales. Esta ineficiencia de las autoridades subnacionales crea imágenes adversas a la política. El hartazgo lleva al elector a no votar, votar en blanco, viciar el voto y esperar un outsider prometedor. Pero ya sabemos la intencionalidad soterrada de quienes promueven el ingreso a la política de un outsider perturbando la voluntad ciudadana.
En un contexto de guerra política, la agitación es la tarea de todo buen marxista. Lo hace desde el colegio, universidad, gremios de trabajadores, asociaciones y medios. La agitación busca cambiar las estructuras, romper los modelos, destruir las instituciones, aniquilar al opositor, hacer polvo la economía y deformar la mente de las personas. La agitación, en campaña electoral, viene acompañada de promesas y ataques. Populismo y demagogia sirven para colocar en las alcaldías y gobiernos regionales a personajes sin capacidad técnica y de gestión, serviles a los intereses económicos oscuros. Esa mala política permite el avance de la pobreza y el abandono.
Con cifras económicas, como las logradas también por las agroexportaciones –US$ 14,485 millones exportados en 2025 superando al principal competidor, Chile, con US$13,209 millones– hace rato Perú sería el modelo de la región, como fue en su mejor momento Chile. Los chilenos esperan que el nuevo presidente, José Antonia Kast, ponga en orden el país y recupere todo lo ganado antes de la llegada de los socialistas al poder. De la misma manera, el Terminal Portuario Multipropósito de Eten, en Lambayeque, es también parte del escenario prometedor. El puerto hará del norte una zona económica especial: plataforma multimodal, parque industrial, servicios portuarios y logístico, almacenes y vía de paso de trenes destinada al transporte de minerales provenientes de Cajamarca.
Ese escenario prometedor está en las manos de los votantes. Elegir mal es una carga cada vez más pesada. A pocas semanas de las próximas elecciones generales seremos testigos de ataques y contraataques. Apelamos a la racionalidad de los peruanos para discernir entre lo conveniente y el lastre.
